Hay muchos ciudadanos y cada vez más que por falta de tiempo o comodidad hacen todas sus gestiones a través de Internet. Todo es respetable, pero se está perdiendo poco a poco el trato humano entre vendedor en general ( porque todos siempre vendemos algo ) y el cliente.
Yo soy de las personas que sí voy a las grandes superficies, si miro mis cuentas bancarias por Internet y consulto millones de cosas a través de la red.En cambio, a la hora de realizar mis compras y gestiones grandes o pequeñas me gusta hacerlo en persona, saber con quien estoy hablando, poder comentar, dejarme aconsejar o poder regatear o discutir con una sonrisa en la cara.
Y ésto es lo que ha pasado éste primero de mes en la puerta de mi sucursal bancaria, aparco mi coche y al mismo tiempo llegaba un señor mayor que también iba a la caja con su bicicleta , su perro y una botella de agua para pasar los calores.

Y que queréis que os diga, tuve que sacar una fotografía de la bicicleta en cuestión porque estas cosas sólo las puedes vivir si eres partícipe del día a día en la calle.

Éste señor es de los que todos los primeros de mes va a su Caja de Ahorros a cobrar su pensión, y de allí se va a la huerta con su perrico a darle vueltas a sus limoneros o naranjos. Y éstas son las cosas que te sacan una sonrisa en la cara y que solo las puedes disfrutar si te relacionas con tu ciudad.
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Para los viajes ...


Primer paso, utilizar la crema limpiadora retirándola con agua fría y posteriormente aplicar el tónico facial. A mi me gusta mucho Clinique, aunque las de Lancóme también me van fenomenal.




Comienza sus estudios de ballet en Riga a los nueve años de edad, de allí pasa a la escuela de ballet del Kirov de Leningrado, hoy San Petesburgo, en donde se graduó y para la cual se convirtió, rápidamente, en bailarín principal en el año 1969. Con el Kirov, se dio a conocer al mundo; su brillante técnica, calidad interpretativa y asombrosos saltos fueron reconocidos por todos los críticos, que no tardaron en considerarlo una estrella del ballet clásico. Sin embargo y de forma paralela, Misha sentía que su experiencia dentro de la estructura formal de la danza soviética estaba cercando sus límites. El joven bailarín ambicionaba conocer, aprender nuevos estilos, nuevas coreógrafos, nuevas formas de bailar que estaban muy lejos de tierras soviéticas.






